San Ignacio de Loyola, el fundador de los jesuitas, decía que esta era la oración que nunca había que dejar. Se le llama examen, aunque se parece poco a los del colegio: consiste en repasar el día junto a Dios.
Se reza por la noche, antes de dormir, y se tarda unos diez minutos.
Los cinco pasos
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1
Ponte en presencia de Dios
Para un momento, respira y recuerda que te mira con cariño. Pídele luz para ver el día como Él lo ve.
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2
Da gracias
Repasa el día buscando lo bueno: una conversación, una comida, un detalle de alguien. Da gracias por cada cosa concreta.
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3
Mira el día
Recorre las horas como si vieras una película. ¿Dónde has notado a Dios? ¿Dónde te has alejado de Él?
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4
Pide perdón
Por lo que no hiciste bien, sin dramatizar. Él ya lo sabe y te quiere igual.
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5
Mira al mañana
Pide ayuda para el día siguiente en algo concreto. Termina con un Padrenuestro.
Lo que cambia con el tiempo
Hecho cada noche, el examen enseña a reconocer a Dios en lo de todos los días. Al cabo de unas semanas, empiezas a notarlo también mientras lo vives.
No os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio.